miércoles, 3 de septiembre de 2014

Microrrelatos (15): Catatónico

Era un radiante día de nuestra ardua y azarosa vida. Era una hora de la mañana en que la luz bañaba cada rincón y no quedaban dudas sobre la propia existencia. Todo aparentaba orden y calma aquel día. Una llamada imprevista, una señal punzante e incómoda que aceleró mi paso por puro instinto. Inmediatamente percibí las alarmantes luces rojas parpadear a lo lejos pero además noté que se acercaban lentamente a mí y que no las iba a poder detener. Era un día en que, de repente, el mundo empezó a derrumbarse como un castillo de arena levantado en la orilla de alguna playa mientras la marea amenaza con subir. Aquel día se hizo de noche mucho antes de que el sol se recostara en el mar y por eso aprendí que con decir adiós no iba a ser suficiente. Vi caer a plomo las grandes piedras de la fastuosa portada que daba entrada a un palacio construido sobre sueños ajenos, pero dentro ya no había habitantes porque habían huido entre gritos y espantos. Yo no dije adiós, yo no me despedí, pero tampoco supe qué decir. Casi no hubo palabras. La catarsis sufrida pudo conmigo y con mis posibilidades reales de comprender el negativo de aquella foto.


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