martes, 29 de noviembre de 2011

Somos un equipo...

No es necesario acudir a los serios e interesantes estudios realizados en las últimas décadas por parte de reconocidos científicos, instituciones y pensadores del panorama mundial que han estado investigando el asunto, para sospechar que el trabajo en equipo es capaz de lograr los objetivos que nos propongamos. Está más que demostrado que si trabajamos en conjunto aunando fuerzas, talentos, recursos y energías, somos capaces de lograr lo que nos propongamos. Incluso podría decirse que en las ocasiones en que parece que el que destaca es un determinado individuo, en realidad lo hace por tener detrás a un gran equipo respaldándole. Algunos piensan que los resultados son fruto del esfuerzo individual o de la suerte, pero la evolución nos ha enseñado que el resultado está supeditado al comportamiento de los demás. El final del proceso no depende sólo de lo que haga uno mismo sino de lo que hagan los otros. Hoy está de moda, más que nunca, crear colectivos; nos asociamos para cualquier cosa y, aparte de la necesidad biológica de socializarnos y comunicarnos, lo que pretendemos es lograr apoyos y aliados que nos ayuden a conseguir metas comunes. Es así como funcionamos mejor, vayamos a donde vayamos. Lo vemos además en otras especies que habitan nuestro planeta. ¿Alguien recuerda las manadas de búfalos, cebras y leones? ¿Alguien ha visto los hormigueros, los bancos de peces, las orcas, los delfines, las ballenas o las aves gregarias? No somos los únicos en recurrir al grupo para lograr mejores resultados. Es algo ancestral, no lo hemos inventado ahora. Nuestros antepasados se reunían por tribus en las cavernas y luego en poblados para defenderse, calentarse, cazar, alimentarse y sentirse más seguros en un mundo tan hostil como aquél. Esta forma de actuar nos ha quedado como valioso legado inmutable. En una sociedad tan competitiva como la de hoy no queda más remedio que unirse para alcanzar objetivos. Y con la que está cayendo en la calle no veo otra salida que unirnos con más cohesión que nunca, bien apretados, arrimando el hombro y aguantando contra viento y marea lo que tenga que venir hasta que pase este temporal que nunca antes habíamos conocido… 


jueves, 3 de noviembre de 2011

A veces la vida no basta...

A veces el mundo se derrumba ante mis ojos y me quedo absorto,
parece como si se acabaran los días y todo se detuviera,
a veces la soledad me asfixia y no puedo ver a nadie cerca,
no me quedan padres, hermanas, amigos o unas manos afectas.

A veces los desastres imposibles llenan torpemente mi casa
y me pierdo entre tinieblas sin saber encontrar la escapatoria.

A veces las calles están mojadas, el cielo plomizo, el viento araña
y sin embargo nunca ha llovido en mi barrio, nunca ha llovido.

A veces los minutos huyen del bolsillo y el fin avanza,
se acumulan los errores de la vida en un hueco de mi espalda
y es como si volviera a cometer el mismo fallo de siempre.

A veces los fantasmas góticos del pasado se asoman a la puerta
y me llaman a gritos esperando tranquilos mi espantosa derrota.

A veces no puedo mirarme en un espejo sin que me mate la vergüenza,
y es que a veces cinco cruces no pesan lo suficiente para llevar mis faltas
y hasta pienso que Dios no me alcanza con tanto como soporta.

A veces parece que caigo en un pozo negro sin salida
y creo que esta existencia no es bastante o que este mundo no es suficiente.

A veces siento como si yo no estuviera y la vida pasara a mi lado
sin querer que la siguiera y me fuera con ella.

A veces no entiendo el camino que empiezo cada mañana
despertando para alcanzar las nubes y bajar de una bofetada.

A veces no recuerdo siquiera dónde vive el amor que de niño conociera
ni cuándo volverán los mirlos a mi ventana piando tardes de primavera.

A veces creo que nada valen el sudor, el esfuerzo y la carne,
que estos sufrimientos regados con sangre son moneda inútil.

A veces la tristeza me embarga y no sé cómo hacerle frente,
por eso, a veces me refugiaría sigiloso en el más allá de esta vida,
entonces dejaría caer mis párpados y ya nunca regresaría.