jueves, 30 de diciembre de 2021

Memorias de 2021

 

Se termina 2021. Se marcha este año en el que la pandemia de Covid-19, que tanto nos sigue arrebatando, ha vuelto a ser la triste gran protagonista , junto con el volcán de la isla de La Palma que durante tres meses tanto daño ha causado a buena parte de sus habitantes. Ojalá se cumplan las promesas y la recuperación económica se haga realidad algún día. 

A pesar de todo, aún nos quedan algunas pocas escenas agradables que compartir. Haya mejoría, salud, trabajo, paz y amor en 2022.












lunes, 20 de diciembre de 2021

Noticia de una guerra mundial

 

Hoy queremos compartir que muchas veces nos hemos preguntado cuánto tiempo tardaron las personas que vivieron entre 1914 y 1918, y entre 1939 y 1945, en darse cuenta de que estaban en medio de una guerra mundial. No creemos que fuera muy pronto a juzgar por la naturaleza de los medios de comunicación de la época en comparación a los que existen hoy. Nosotros pensamos convencidos que estamos pasando por esa experiencia y que llevamos ya casi dos años viviendo inmersos en una guerra mundial absolutamente desconocida y fuera de nuestro entendimiento. Una guerra mundial del siglo XXI que no se desarrolla en ningún frente concreto con soldados, disparos y bombas sino que pacíficamente abarca toda la faz de la Tierra porque la desgracia que trae consigo es capaz de alcanzar cualquier rincón por remoto que sea. Es una guerra en la que todos somos víctimas potenciales y todos estamos sometidos a la dura tarea de tratar de sobrevivir cada día de nuestra existencia. Ahora el enemigo no es una nación o un conjunto de ellas, sino una diabólica creación biológica que es capaz de llevarse silenciosamente por delante a miles de personas en cuestión de horas o días. Y sus sencillas armas son los propios mecanismos que la vida ha desarrollado a lo largo de la evolución para replicarse y perpetuarse. Sin embargo, también ha sido necesaria la cooperación de agentes humanos ubicados en distintos sectores de la sociedad que se han convertido en los verdaderos responsables de esta nueva hecatombe que asola el planeta y lo conduce irremediablemente a sus próximos destinos nada deseables. Ésos responsables tienen nombre y apellidos, ya se sabe quiénes son, dónde están y cuáles son sus siniestras intenciones. Lo que tenga que suceder después de esta ignominiosa guerra sólo lo saben ellos porque ya lo están preparando a escondidas aprovechando el poder que ostentan. Estamos luchando por nuestra supervivencia sin saberlo, porque nadie lo ha declarado, en medio de una guerra mundial sin precedentes que acabará convirtiéndose en un nuevo punto de inflexión de la historia, y no sabemos cuánto tiempo durará este aberrante capítulo, pero estamos seguros de que, como en las ocasiones anteriores, los ejércitos del bien terminarán por despertar y rebelarse venciendo a los del mal.



martes, 28 de septiembre de 2021

Un encuentro con la fe descubridora

 

Recientemente hemos tenido el gusto de visitar un monumento muy significativo para la ciudad de Huelva. Se encuentra ubicado en la Punta del Sebo, donde los ríos Tinto y Odiel se reúnen para marchar juntos buscando su salida hacia el océano Atlántico. Allí mismo, junto a la antigua playa, se levanta esta colosal escultura que mide 37 metros de altura. Inaugurada el 21 de abril de 1929, fue regalo del pueblo estadounidense al pueblo español como expresión de amistad entre las dos naciones. Desde entonces forma parte orgullosa e indiscutiblemente de las señas de identidad de Huelva.


 

La Columbus Memorial Foundation financió y encargó el diseño a la escultora y filántropa neoyorkina, Gertrude Vanderbilt Whitney. En la obra, construida con piedras traídas del vecino pueblo de Niebla, podemos contemplar una figura humana de estilo cubista cubierta con capa hasta la cabeza y apoyada sobre una cruz en Tau (símbolo franciscano), representando de forma simbólica el valor y la fe del almirante  Cristóbal Colón en el descubrimiento de un Nuevo Mundo. En las esquinas del enorme pedestal podemos observar bajorrelieves dedicados a las culturas azteca, inca, maya y cristiana, y en su interior se encuentra una sala en la que puede contemplarse una escultura de los Reyes Católicos, la carta de navegación que usó Cristóbal Colón y los nombres de las naves y de los tripulantes que participaron en el primer viaje. En palabras de Miss Whitney, “quise dar a mi monumento un carácter simbólico. El monumento a Colón no representa, pues, a Colón corporalmente. Representa la figura de un navegante que mira con ojos visionarios hacia el oeste, hacia donde debió mirar también el insigne descubridor, cuando presentía América.



El monumento y su entorno se encuentran en muy buen estado gracias a la generosa y acertada intervención de restauración que ha llevado a cabo hace pocos meses la Autoridad Portuaria de Huelva a quien desde este espacio de divulgación cultural agradecemos públicamente su deferencia para con esta joya del pueblo onubense que debe conservarse en las mejores condiciones posibles para que las generaciones venideras y los visitantes puedan conocer la verdad de nuestra historia y el lugar que Huelva ocupa en ella.





viernes, 2 de julio de 2021

El muelle de la Río Tinto Company

 

Era esencial la construcción de un muelle en Huelva. Eso pensaron aquellos ingleses que en el último cuarto del siglo XIX vinieron para extraer el mineral del fondo de la tierra en el pueblo de Minas de Río Tinto de la provincia de Huelva en España. Los números que hablaban de las toneladas de material que sacarían para su posterior transporte obligaban a plantear dicha edificación. Por eso se pusieron manos a la obra, y entre 1873 y 1876, año de su inauguración, la RíoTinto Company Limited tendió una línea de ferrocarril que terminaría en la ría de Huelva en forma de muelle cargadero al que los barcos se abarloaban para recibir el contenido procedente de las minas. Fue diseñado por los ingenieros ingleses Sir George Barclay Bruce y Thomas Gibson ajustándose a una idea sencilla pero excelente que permitía la llegada de los vagones impulsados por una locomotora para luego aprovechar la gravedad en la descarga y en el regreso de los vagones.





Estuvo en uso hasta 1975 y durante los cinco años siguientes quedó abandonado por lo que su deterioro fue muy notable. Poco tiempo después fue dividido en dos para permitir la ampliación de la carretera que llevaba hasta la Punta del Sebo, paralela a la ría. De esta forma cae en desgracia y se desmantelaron 50 de sus 1.165 metros originales.


A pesar de ello, fue declarado Bien de Interés Cultural en 2003 y posteriormente, entre 2006 y 2007, fue sometido a una acertada rehabilitación y convertido en monumento visitable y atractivo turístico de la ciudad. Actualmente se encuentra en desuso pero, como ya se ha dicho, es visitable como lugar de paseo o de pesca. De esta manera Huelva recupera una de sus señas de identidad que la acerca de nuevo a la ría convirtiendo el entorno en un llamativo y singular referente del que sentirse orgullosa.








viernes, 26 de marzo de 2021

Volverán los días

Existe un lugar sagrado dentro de cada uno de nosotros que a duras penas acertamos a definir con palabras cada vez que lo intentamos. Resulta habitual quedarse sin ellas cuando nos atrevemos a referirnos a él. Es un territorio demasiado oculto y privado, muy vasto y abundante en matices que nacen a discreción desde los sentidos y el corazón. Como decía aquel pensador de estos sacros menesteres, se ubica fuera de la franja temporal que conocemos desde la cuna, en la que no puedes engañarte a ti mismo ni hacerte pasar por quien no eres y por quien nunca has sido. Es un territorio de la verdad que tan sólo habitamos un día al año, como un espejo en el que nos miramos para recuperar el rumbo si es que lo hemos perdido en alguna tempestad pasajera de las que no dejan ver el horizonte despejado. Allí somos capaces de alcanzar nuestra propia certeza, la que nos permite retornar a lo que fuimos y soñar con lo que nos gustaría ser, ni más ni menos. Sin embargo, los hombres ya casi no lo tienen en cuenta, pero hubo una lejana y oscura época en la que muchas cosas que hoy nos parecen normales, todavía no estaban creadas. Aún nadie las había inventado y ni siquiera se le habían ocurrido. No todo ha sido siempre “de toda la vida” como a veces caemos en el error de dar por sentado. Incluso habiendo sido creadas por el ingenio humano, también han sobrevenido graves adversidades que les han forzado a adaptarse obligando a suspender los eventos señalados en lo mejor del calendario. 

Tiempo suficiente estamos teniendo para reflexionar acerca de lo que nos aboca sin discusión a cancelar por segundo año consecutivo las principales celebraciones tratando de reinventar, rehacer y proteger entre ellas a la querida Semana Santa como si nos fuera la vida en ello, como si no fuera concebible que pudieran llegar años sin disfrutarla. Probablemente muchos se sorprenderán al leer que sólo hay que desempolvar un poco las hojas de la historia y comprobar que hace justo 200 años fue la anterior ocasión en que se conoció un bienio en blanco para las cofradías debido a la amenaza inherente a las turbulencias sociales y políticas del momento. Y es que, desafortunadamente, esa historia está jalonada de acontecimientos hostiles y tenebrosos que hemos sabido afrontar con la mayor determinación y el sacrificio necesario, pero siempre llegando a buen puerto hasta que ha amainado el temporal.

 

Una vez más tendremos que convivir con esto, pero que nadie se llame a desgracia, nadie se turbe ni se atormente en desasosiego que nadie puede suspender la Semana Santa. Por pura y razonable precaución sanitaria no saldrán las cofradías a la calle en el dulce marco de la renovación primaveral, pero nadie podrá suspender la solemne conmemoración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús Nazareno. ¿Acaso se pueden suspender el invierno o el verano? ¿Podrían aplazarse el día o la noche? ¿Alguien podría atreverse a guardar bajo llave las emociones que surgen a borbotones de lo más profundo del alma cuando se ha terminado la espera? Todos sabemos de sobra las respuestas y por eso no hay un minuto que perder desde hoy mismo. No queda margen para la autocompasión. El camino se encuentra dentro de nosotros mismos, no hay que irse tan lejos. Que cada cual lo viva como prefiera y pueda, de puertas adentro sin encontrarse con pasos, hermandades y nazarenos por la ciudad, porque este año tampoco será como más nos gusta. 

Esto también pasará y entonces volverá el resplandor dorado del sol una tarde recién estrenada de infantiles sonrisas como cascabeles, y de cera derretida alfombrando el mayor escenario pasionista del mundo. Acabará esta desgracia y querrán volver a danzar las túnicas planchadas con primor, los deliciosos nervios antes de la salida de una cofradía en el barrio de nuestra juventud y el rachear de una cuadrilla de costaleros por la estrechez de una calle donde perduren a buen recaudo los más emotivos recuerdos. Todo ello veremos llegar en lontananza y aún no seremos capaces de inferir si nuestros pobres ojos quizá nos estén traicionando sin conciencia.

 

Tampoco hace falta recordar que para que los hermosos días que anhelamos sin descanso vuelvan a sucederse bajo el cielo azul que vio nacer y crecer a esta fiesta tan única y tan nuestra, tendremos que continuar demostrando prudencia, templanza y fe, y la ilusión volverá a nacer como si fuera la primera vez.