domingo, 3 de febrero de 2019

Los silencios curativos del alma.

Se escapaba la mirada hacia el horizonte desnudo de pensamientos sobrantes, libre de incómodos prejuicios. Con el habla vacía y la palabra dormida, dejaba que los huecos de su mente viajaran errantes lo que quisiesen o necesitaran. Y en aquella hora, todo lo que podía escuchar era el inmenso eco de la sucesión de silencios que envolvía las caras y aristas de su existencia como unas manos guardianas acariciando la piel más delicada de la tierra. Aquel silencio nacido en las entrañas del universo acudiendo leal para poner en orden el bochornoso desorden de los días, para calmar los profundos alaridos de su trastienda, para serenar el grave tumulto de sus razones y desmanes. Fiel compañero y aliado en los peores trances que podía entregar el largo calendario de ausencias. Un silencio detrás de otro sujetándole, tal vez, en una abismal caída sin retorno, equilibrando por dentro y por fuera de sus muros, las obras y voluntades más naturales. Por eso regresaban al dintel de la conciencia, para rescatarle del aulladero, para redimirle de sus torpes errores, para curar los restos cansados del alma. 



viernes, 21 de diciembre de 2018

Mis manos y tu lacerante ausencia


Mis ojos nunca han podido verte porque nuestros caminos no estaban pensados para que lo hicieran. Mis manos nunca han acariciado tu piel con ternura pero acaso se hubieran conformado con haber tenido el privilegio de protegerla ante cualquier ofensa. Nunca he hablado contigo paseando juntos bajo un cielo cuajado de estrellas, ni te he escrito un sólo poema en la noche cerrada. Y sin embargo, en muy pocos días me han contado de tu vida todo lo que me hacía falta para creerte a ciegas mi amiga, mi confidente, mi hermana o incluso mi novia.

Es como si ya te conociera años atrás, como si ya supiera casi todo de ti y bastara para dolerme hasta lo más profundo del alma la atrocidad de tu repentina y lacerante ausencia de la faz de la tierra. A solas estoy pensándote, a solas me veo cada hora tragando lágrimas amargas, arrebatado el derecho a defenderte con mi abrazo y toda mi fuerza. Se pierde, quizá enamorado, mi sentido contemplando tu hermoso rostro y tu celestial mirada de princesa lejana, y no logro comprender los misteriosos designios de nuestra existencia, pero respeto confiado la voz de Quién te ha llamado a su presencia, aunque mis labios nunca puedan quererte, Laura, aunque mis manos jamás puedan llegar a consolarte.



sábado, 17 de noviembre de 2018

Treinta lunas

Fueron treinta pasos azul ligero
como treinta aldabonazos de hierro
en el débil torno de la conciencia,
treinta huellas de arena sepultadas  
en la orilla amiga del mar prestado
como treinta versos limpios nacidos
a viva razón de sentido amparo.

Llegaron treinta gigantes custodios
de una ausencia desvalida, señores
de la luz en soledad por frontera
como treinta surcos de amor en tierra,
treinta lunas de plata vieja ocultas
como fueron treinta antiguas monedas
del cielo doliente esperando ayuda.

viernes, 12 de octubre de 2018

Microrrelatos (19): Épocas distantes


Apareció de la nada porque nadie lo había previsto, nadie lo había considerado ni en los más alejados pensamientos, y sin embargo, aquella mañana de cielo nublado ella se encontraba por fin ante la verja de su esmerado jardín. Mirarla fija e incondicionalmente a los ojos, y pronunciar todas y cada una de las palabras necesarias para que, si hubiera hecho falta, el universo entero advirtiera sonrojado el inmenso sentido de aquella escena, no fueron suficientes para que un mismo rayo de luz pudiera haber enhebrado amorosamente ambos corazones. Nada de aquel esfuerzo fue bastante. Ella no tuvo el valor para cruzar la verja, y a él casi le faltó el aire para seguir en pie cuando, apesadumbrado, descubrió que les separaban épocas demasiado distantes.



martes, 28 de agosto de 2018

Planetada, 2018


Este verano de 2018 está siendo muy interesante para los aficionados a la astronomía. Dirigir la mirada al cielo nocturno está resultando especialmente atractivo. Distintos eventos astronómicos han sucedido y aún están sucediendo. En primer lugar, como todo el mundo sabía varias semanas antes, el archianunciado eclipse de Luna que tuvo lugar la noche del 27 de julio. Uno de los de mayor duración de los últimos tiempos. Se vio perfectamente, muy claro y fotografiable. Espectacular resultó verlo con prismáticos. En los primeros minutos, la Luna adquirió una tonalidad rojiza u oxidada resultado de un efecto óptico provocado por las capas de la atmósfera.

El 12 de agosto nos visitó, como cada año, la lluvia de estrellas de las Perseidas alcanzando en esta fecha su máximo.

Por otro lado, desde primeros de julio es posible contemplar a simple vista 4 planetas. Hablamos de Venus, Júpiter, Saturno y Marte si miramos hacia el sur de la bóveda celeste y comenzamos a identificarlos desde poniente a levante. Es decir, estamos teniendo el privilegio de tener ante nuestros ojos 4 planetas simultáneamente, lo cual no es muy frecuente, y 5 si consideramos la Tierra que todos pisamos. Marte se encuentra en la constelación de Capricornio, Saturno en la de Sagitario, Júpiter en Libra, y Venus ha transitado a lo largo de estos meses entre Leo, Virgo y Libra. Esta configuración se va a prolongar hasta primeros de octubre, sin embargo, el mejor periodo para disfrutar de este escenario está comprendido entre finales de julio y mediados de septiembre. Aún quedan algunas noches para poder observar la planetada del verano de 2018. No se lo pierdan.

Cielo nocturno el 27 de agosto a las 21:30 desde la provincia de Huelva, España.

miércoles, 16 de mayo de 2018

Mejor no planifiques tanto


Es cierto, pertenecemos a una sociedad en la que cada paso que damos está pensado, planificado y programado con exagerada anticipación muchas de las veces, sin apenas darnos cuenta de que cuando llega el momento del acontecimiento, casi no nos causa ninguna emoción destacable que llevarnos.

Sin embargo, también es posible que alguna vez nos hayamos encontrado con una experiencia no prevista, no pensada ni planificada con tanta antelación como ya acostumbramos, y entonces resulta que la disfrutamos con verdadera intensidad, con los sentidos desbordados ante la enorme sorpresa que nos rodea. Las emociones que se desencadenan junto a las sensaciones son de tal magnitud que se quedan grabadas profundamente hasta el punto de casi dejarnos aturdidos preguntándonos: “¿Y cómo ha podido ocurrir todo esto si yo no lo había organizado para que saliera tan bien como ha salido?” Estas ocasiones son las que suelen quedarse en el recuerdo más reservado, estas son las veces que posteriormente traeremos a nuestras conversaciones reviviéndolas una y otra vez porque las emociones surgidas son las que nos marcan y dejan huella para siempre.


Dedicar tanto tiempo y esfuerzo en preparar algo, puede llegar a desnaturalizarlo o desvirtuarlo, y cuando estamos en el momento de la verdad sólo nos queda la molesta impresión de llevar demasiados días e incluso semanas inmersos en dicha experiencia por lo que ya no resulta tan atractiva ni apetecible como en un primer momento. Uno se ve extrañamente saturado.

Por eso, recomiendo, en un mundo como el de hoy y a esta hora, en lo posible no planificar tanto la vida, las experiencias y los eventos que nos esperan, y aceptar esas ocasiones que a veces se presentan de repente dejando margen generoso a la improvisación, a la sorpresa, a la aventura y permitir a las emociones liberarse, desencadenarse con albedrío para encontrarse con nosotros tranquilamente. Seguro que podemos terminar construyendo algo tan interesante que merezca la pena ser conservado en el baúl de los recuerdos.