viernes, 15 de junio de 2012

Fue nunca más

Las cartas estaban boca arriba sobre la mesa pero sólo las veía un jugador. El otro estaba distraído. Sus manos aún recuerdan el fin de aquella partida. Había durado mucho tiempo y siempre ganaban los dos. Sin embargo, aquel día abandonó el que podía ver las cartas. Nada fue igual desde entonces y después de aquella noche de locura trágica, el imperio de los sentimientos fue presa del desaliento y se vio arrastrado por el torbellino del olvido y la ignorancia para desaparecer en la noche de los tiempos. Nada más se supo de aquellos sentimientos tan cuidados. El tiempo se detuvo, la vida se detuvo. Y luego… Luego, todo fueron despropósitos, uno detrás de otro sin el menor sentido, sin orden ni concierto. Algo verdaderamente surrealista que respondía al nombre de la sinrazón que a veces aflora en la esencia humana.

Dicen que las últimas palabras que oyeron los asistentes fueron:

- No me llames nunca más…

Y nunca más llamó.


Fue nunca más...


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