domingo, 11 de septiembre de 2011

Crónica de una década neoyorquina

Ya han pasado 10 años. 
 
Nueva York despertó aquel día para subir a las nubes como de costumbre y bajó de una brutal bofetada que hizo que EE.UU. descubriera un nuevo mundo. Lo mismo pasó con Pearl Harbor, sirvió para que se diera cuenta de lo que estaba pasando en el mundo frente a la máquina nazi. El 11-S fue el Pearl Harbor de nuestro tiempo porque en definitiva todos nos dimos cuenta de que algo nuevo pasaba en el mundo, en nuestras ciudades, en nuestras calles y hasta en nuestros vecindarios más próximos.

Nueva York y su incomparable belleza urbanita fue la moneda de cambio para esta moderna transacción comercial sin nombre. El precio fue muy elevado: su inocencia de ciudad amiga y acogedora desde los comienzos allá en el siglo XVIII. Cualquiera que haya estado en la ciudad y haya caminado por sus avenidas, sus calles, sus plazas y sus parques, puede imaginar el dolor que supone esta ignominiosa afrenta en el rostro amable y hospitalario de la ilustre Nueva Amsterdam.

Esta es la crónica básica de esta década, lo demás es historia, periódicos y telediarios.

Te quiero Nueva York... 


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