lunes, 22 de octubre de 2012

Últimos datos sobre la psicopatía

Leyendo estos días el libro escrito por Eduardo Punset llamado "El alma está en el cerebro", me he encontrado con un capítulo dedicado a La mente del psicópata. Y dentro de él existe un epígrafe en el que trata los motivos que originan un cuadro de psicopatía. No se trata de un asunto baladí y tampoco es fácil de desmenuzar para su mejor comprensión.

Según refiere Punset, los seres humanos estamos preparados y capacitados para socializarnos y para vivir en sociedad, y por tanto podemos desarrollar una cultura. Para establecer las reglas del juego hemos creado una moral y una ética mediante la cual nos regimos y canalizamos nuestros sentimientos para fomentar ese potencial de solidaridad del género humano. Ahora bien, los psicópatas representan el lado más oscuro del ser humano puesto que estas personas, por las razones que sean, se revelan como depredadores del resto de la especie. Es una parte de la naturaleza humana que no tiene esa capacidad para desarrollarse en la dirección del bien, de la solidaridad o de la compasión. Por eso, precisamente, el psicópata es el ser humano más peligroso que existe. En la medida en que su ambiente le provea de las satisfacciones necesarias, puede estar integrado y no ser especialmente peligroso, puede que sus actividades y las relaciones que tenga le satisfagan. Pero, ¿qué ocurre si necesita algo que su ambiente no le proporciona? Entonces se convierte en un asesino, en un depredador: puede matar sistemáticamente, puede violar... Y si está integrado en estructuras de poder, puede utilizar su potencial para causar mucho mal.


Las psicopatías no aparecen tardíamente y de modo repentino, sino que comienzan a manifestarse cuando el individuo tiene pocos años y es un niño. El déficit de atención o la hiperactividad se han propuesto como indicios o indicadores de riesgo. Los malos tratos en la infancia generan problemas de cortisona: se produce un aumento de cortisona en la sangre y esta sustancia lesiona las neuronas. Un niño que ha sido maltratado antes de los 3 años tendrá seguramente más dificultad para controlar los impulsos cuando sea mayor. Lo interesante y lo problemático es que pueden existir determinadas lesiones neurológicas que incapaciten a un individuo concreto para aprender las normas, para relacionarse adecuadamente con los demás o para distinguir el sufrimiento ajeno. Pero no siempre se trata de lesiones cerebrales. A veces, puede ocurrir que el cerebro simplemente funciona de otro modo y no sabemos por qué.


Tradicionalmente la jurisprudencia del tribunal supremo ha considerado siempre que el psicópata era imputable, es decir, que el psicópata era responsable de sus actos, porque, de hecho, cuando el psicópata actúa y comete un hecho delictivo lo hace con pleno conocimiento y con plena voluntad. El psicópata sabe lo que hace y además es muy inteligente y sabe por qué lo hace. Esto lo diferencia del psicótico: el psicótico es el individuo que está fuera de sí, el individuo que ha perdido el sentido de la realidad. A las personas con enfermedades mentales y psicosis se les ofrecen otras vías, pero el psicópata generalmente es condenado porque se considera que actúa con pleno conocimiento y con plena voluntad. Sin embargo los jueces saben que los psicópatas son enfermos y por eso han llegado a dictar sentencias en donde se aplican atenuantes analógicas que rebajan algo la pena, es decir, permiten considerar que el psicópata es susceptible de un tratamiento. Y ahí radica el problema. ¿Verdaderamente se puede hacer algo con esas personas? Los jueces condenan a los psicópatas porque son un peligro. Las condenas se establecen para proteger a la sociedad. Si consideramos que los psicópatas son enfermos y abriéramos las cárceles se generaría una situación de inseguridad alarmante. Por esa razón los jueces tienen que considerar imputables a los psicópatas.


El psicópata es plenamente consciente de lo que hace. El psicótico, el enfermo de una psicosis, por el contrario, no es consciente. Un esquizofrénico pierde cualquier contacto con la realidad, no tiene sentido de la realidad y por tanto es incapaz de distinguir el bien del mal, lo que se debe y lo que no se debe hacer. El psicópata es completamente distinto. Sus actos demuestran, en primer lugar, que no le importa lo que hace y, en segundo lugar, sabe que lo que está haciendo es un delito, sabe que moralmente está equivocado, pero no le importa: la vida de los demás, simplemente, no le concierne.


Entendemos por enfermedad aquella dolencia sobre la cual no tenemos control. Por eso la esquizofrenia es una enfermedad. El psicópata es consciente y ésa es la razón por la cual resulta complejo considerarlo un enfermo. No podemos devolver la conciencia a quien no la tiene, ni podemos conseguir que un individuo que no conoce la compasión sea compasivo, ni podemos conseguir que un cerebro que no conoce la empatía pueda situarse en el lugar de los demás. Pero en los últimos años se están abriendo caminos interesantes en el tratamiento de la psicopatía, como por ejemplo la vía conductual y la vía farmacológica. Con ellas podemos mejorar la impulsividad, la irritabilidad, el comportamiento, la disciplina o la conducta, pero nunca podemos curar. Por tanto podemos concluir que la psicopatía tiene dos grandes componentes: uno relacionado con la personalidad básica y otro componente conductual. No podemos hacer nada o casi nada respecto a la personalidad básica, pero sí podemos hacer algo respecto al componente conductual. Podemos ayudarle a que se controle, podemos utilizar su pensamiento egocéntrico, egoísta y vanidoso a nuestro favor. La cuestión es convencerlo de que pueden irle mejor las cosas si cambia su conducta. No podemos conseguir que tenga compasión ni que tenga ningún interés en los demás, pero puede reconducirse su egoísmo. Se pretende convertir a la persona para que le interese egoístamente cumplir con la ley y no delinquir.


Respecto a las futuras generaciones, la prevención es esencial para evitar que haya sujetos que desarrollen ese potencial de violencia innata. La prevención de la psicopatía es importante, sobre todo, en la escuela. La escuela sirve para aprender, pero con frecuencia se utilizan métodos competitivos que conducen a perder los valores humanos. Quizá este hecho tenga alguna relación con el incremento de asesinos en serie en nuestra sociedad. El asesino en serie es la máxima expresión del psicópata. ¿Cómo se puede prevenir esto? Sobre todo se podría prevenir si en la escuela se enseñaran valores humanos como ser solidario, ser persona, no a ser el número uno ni a ser el mejor. Podríamos decir que la sociedad competitiva agrava la psicopatía. Una sociedad que exalta los valores de la psicopatía facilita que la tendencia a la psicopatía se desarrolle y tenga un mayor y mejor caldo de cultivo.


1 comentario:

  1. Muy bueno y muy interesante, y un poco alarmante pensar como cada vez, con esta progresiva perdida de valores favorecemos más a la creación de malas personas, incluso psicopatas. Da miedo ver la realidad

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