viernes, 26 de febrero de 2010

¿Por qué callan los nazarenos de El Silencio?

Junio de 2005

Hace algunos días visitaba la Real Iglesia de San Antonio Abad con un viejo amigo que estaba de paso en Sevilla. Después de hacer gustosamente las veces de cicerone para él, nos sentamos y rezamos juntos ante las sagradas imágenes titulares de la Archicofradía de Jesús Nazareno. A continuación salimos a la calle a través del atrio mientras comentábamos los tesoros del arte que acabábamos de ver en el interior del templo, y entonces me preguntó gravemente:

- ¿Por qué callan los nazarenos de El Silencio? ¿Por qué guardan ese profundo, imperturbable, respetuoso y solemne silencio al paso por las calles de Sevilla?

Más allá de posibles tradiciones y costumbres heredadas a lo largo de los siglos, que indudablemente ha sabido conservar la Cofradía, mi respuesta inmediata fue la que siempre ha sido para mí motivo trascendente de reflexión:

- Porque no queda nada que decir, ¿acaso habría algo que decir que no se haya dicho ya?

Esta idea fue muy novedosa y reveladora para él. No esperaba una respuesta así, tan clara y concisa. Observé que la aceptaba con verdadera complacencia. Sin embargo, a mi amigo le hacían falta más argumentos, quería que le diera más razones para justificar nuestro comportamiento ejemplar en la estación de penitencia. De manera que continuamos nuestro paseo y, ante su indudable interés, fui desgranando pausadamente los motivos que podrían añadirse a mi primera respuesta.

No era necesario recordarle que esta forma estricta de penitencia –mudez absoluta con la mirada siempre al frente sin poder saludar a un familiar o conocido, sin pedir o comentar nada con nadie, ni beber o comer alimento alguno, etc…- es la que la Hermandad ha visto convertirse en seña de identidad con el paso de los años. No obstante, procuré que no perdiera de vista el verdadero significado y sentido teológico de comunión con la Pasión de Cristo que pienso subyace realmente.

Como se ha mencionado antes, hace mucho tiempo que ya está todo dicho y no hay más que decir. Sobran las palabras, no es necesario añadir nada. Porque si alguien habla en la Cofradía con verdadera autoridad ante la humanidad, ese es Jesús Nazareno. Con su sola presencia lo dice todo que para eso es el Verbo hecho Hombre. A su paso no hacen falta las palabras. Sólo hay que mirarle, contemplarle abrazado a la cruz y entender su lenguaje en silencio que hay silencios muy elocuentes.

Le dije que la Madrugada no es para nosotros el momento ni el lugar para hablar
y que en la Archicofradía de los Nazarenos, por respeto y principios, consideramos que lo adecuado es mantener un riguroso silencio ante lo que se avecina. Callamos por convencimiento propio. Creemos firmemente en nuestra peculiar forma de hacer estación de penitencia a la Catedral para poder reflexionar y meditar sobre los padecimientos que hubo de soportar Jesucristo; para tratar de imitar en nuestras vidas su forma abnegada de abrazar la cruz. No somos hieráticas filas de nazarenos góticos como si de una escalofriante estantigua se tratara. Este modo de salir en procesión tiene un significado preciso. La manera de expresarnos es precisamente callando. Así revela públicamente esta Hermandad sus más profundas creencias.

Por otro lado, es el mejor homenaje y recuerdo que podemos ofrecer a Aquel que justamente calló cuando más humillado y abandonado era ante todos aquellos que le odiaban o no podían comprenderle. Y así como los penitentes le imitan llevando la cruz invertida, todos los integrantes del séquito, en general, le imitamos guardando el mismo silencio que Él supo conservar en el trance de su Pasión y Muerte.

Y si nos fijamos en María, su Madre Inmaculada, podemos ver que, traspasada de dolor, se limitó a acompañar en la distancia a su Hijo junto a San Juan y las mujeres. María se atuvo a un mutismo conmovedor, llena de angustia y aflicción mientras duró el sufrimiento del Hijo. No se hizo notar en absoluto, antes al contrario, aceptó sumisamente el lugar que le correspondía como Madre del Cordero inmolado. Y si Ella no tenía nada que decir en aquella hora de amargura...

Finalmente, debemos pensar que es la voluntad de Dios. Es voluntad suya que su único Hijo descienda a la Tierra entre los hombres y muera sacrificado para redimir al género humano. Ante esto sólo queda aceptar y callar. No es necesario que hablemos. Eso es lo que vienen haciendo los nazarenos de la Archicofradía desde siglos atrás. Ese es el carácter que mantenemos en la calle, haciendo de él bandera que enarbolar orgullosamente los demás días del año como estilo y forma de vida ante las adversidades cotidianas. Así son los nazarenos que surgen de la Iglesia de San Antonio Abad en la Madrugada de Sevilla.

1 comentario:

  1. Siempre le he tenido un cariño especial a este artículo. Un saludo.

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